Lille que a los tontos espabille

De Murcia a Lille, en Erasmus.

Mes: septiembre, 2012

Capítulo III

No he puesto nada esta semana porque he empezado las clases y tenía que estar todo el día yendo y viniendo de la Fac a la resi y todo el rollo.

El sábado fui a Gante con Jose y Juanma, los dos chicos que vienen de Murcia conmigo. Fuimos en tren (18 pavos ida y vuelta) y la verdad es que Gante está muy apañao. Es muy pequeño, por lo que es perfecto para ver en un día (aunque se dice, se comenta, que lo más chachi de Gante es su vida nocturna, porque es el principal destino universitario de la vecina Bélgica)

El resto de la semana ha sido un trajín. Os meto en situación:

La facultad (A) está bastante lejos de mi residencia (B); a unos 25 minutos andando a  mi paso normal y a unos 7 minutos si cojo el metro (son 6 paradas). De hecho: 

Aparte, el horario que tengo es de lo más estrambótico, pues al ser Erasmus tengo asignaturas de 1º, 2º, 3º y 4º (que aquí es Máster, y hay 7 u 8 distintos dependiendo de la especialidad) Así que tengo clase a horas muy raras y con muchos espacios muertos entre ellas. A modo de ejemplo os diré que los lunes solo tengo clase a las 13.30 (por cierto, que las clases aquí empiezan a las 8 y acaban a las 12.30 para el turno de mañana y empiezan a las 13.30 y acaban a las 20.10 para el de tarde) mientras que el miércoles, que es el día de la muerte tengo clase de 8 a 10.10 y de 14.40 a 20.10 (contad, son siete horas de clase)

Como quiero ahorrar y de momento hace bueno, lo que quiere decir llevo manga larga y jersey y en el sol voy bien, pero la sombra refresca, salvo los dos días que tengo clase a las 8, voy y vuelvo a pata. Es un paseo y tengo que pasar por el poblado chabolista de rumanos (amistosos de momento) que hay bajo la autovía al lado de mi resi, pero merece la pena, porque es el único deporte que hago y ya empieza a pasar factura la autoalimentación sin supervisión materna.

Por si os lo preguntáis, aquí se sale los miércoles, los jueves y los sábados. Es una de las ciudades con más ambiente de toda Francia (las malas lenguas dicen que es herencia del Duque de Alba and company, de cuando los bravos españoles andábamos por aquí de juerga) y, ciertamente, a diferencia del resto del país, tiene unos horarios bastante españolizados. Los precios van desde el atraco a mano armada de 7 euros una cerveza de pacotilla en vaso de consulta de dentista, a la popular pinta de 3€ de Le Solferino. No cobran por entrar a ningún sitio y como es legal beber en la calle (de momento y hasta que el frío nos deje) salir no cuesta mucho.

Me despido, intentaré actualizar cuando algo importante suceda (o si no, ya el domingo o el sábado, o cuando tenga un rato, joder, no me agobiéis)

Un abrizo

Capítulo II

Esta medio semana, desque la última vez que actualicé, ha sido un sinfín de luchas contra la burocracia, el papeleo, los funcionarios y cabezacuadradismo. Primero y principal, contra la CAF (Caja de Ayuda Familiar, digamos) que es una especie de INEM y más cosas, que te da una ayudita, vengas de donde vengas, para el alquiler, lo cual, dado la paupérrima cantidad de la beca de este año (110 traca-tracas en Murcia, por 250 de Madriz y tachán-tachán, 500 y pico de Andalucía) pues siempre viene bien. Yo calculo que me darán unos 120-130 pavos más, para pagar la residencia. Pues menudo rollo para pedirla. Tuve que pelearme con una gorda, empecinada en que, a pesar de ser de la UE, necesitaba un visado o el pasaporte para poder pedirla, a modo de que era legal que estuviera aquí. Según ella, tenía que ir a la prefectura (la delegación del Gobierno, vamos) y pedir el visado (por el que te cobran) y después entregar las 10 hojas de petición de la CAF. Al final, la gorda estaba equivocada y yo tenía razón (recibí la ayuda inestimable del servicio de rel. internacionales de la Universidad de Lille)

También he estado batallando con la mardita-roedora de la EDF (la compañía eléctrica de mi resi) porque aunque tenía luz, se me cortaba si cocina más tarde de las 8, o  en mitad de la ducha matinal, se cortaba, quedándome a oscuras y sin agua caliente. Resulta que es que he estado sin contrato, a pesar de que como puse en el capítulo anterior, lo había hecho. Los muy ladinos, como es normal, no consideraban que hubiera contrato hasta que les diera un cheque (supercomún aquí pagar las cosas con cheques) o el numero de cuenta corriente francesa. Pero bueno, también esta resuelto, a priori.

Estos días he conocido a un puñao de españoles, he visto por fin a gente en mi residencia (de hecho ayer tenían un fiestón en la azotea de la otra escalera increíble) y lo más reseñable, que hizo que mi madre casi se cayera de culo, fue esto:

Así que ya sabéis, sed buenos disfrutad de la comida de mami, que luego se echa un pelín de menos.

Por cierto, ya es Otoño en Lille, empiezan las lluvias sin preaviso, la rasca helada por las noches (los españoles, como estamos flipados con que se pueda beber en la calle, pues claro, hacemos botellón, con dos cojones) y la humedad que te cala los huesos hasta lo más profundo de tu ser.

À bientôt!

Capítulo I

Al final, salí de Murcia. ¿Quién lo iba a decir? Después de meses viéndolo lejísimos, de pelearme con la burocracia (el vuelva usted mañana de Larra sigue tanto o más vigente ahora que cuando fue escrito) de no pensar en el Erasmus mas que como en algo ajeno, llegó. Pero se ve que los hados, cuanto más quieres una cosa, más difícil hacen que sea alcanzarla.

La despedida, como lo son todas, transcurrió entre lágrimas y sonrisas, porque así es como debe ser.

Después de haber dormido un par o tres de horas, partimos en el coche familiar, los cinco, para ir a Alicante. Allí, como es de sobra conocido por todos, mamá lloró, porque soy el primero que huye del nido. Pero no lloró menos que mi querida P. el día anterior, por la noche, last night on Murcia.

El vuelo transcurrió con normalidad ( por ejemplo aquí, o aquí, o aquí no pasó así) y llegué a Charleroi listo para coger un bus, dos trenes y un metro hasta alcanzar Lille y más en concreto, mi residencia, Fives. Al llegar, el jarro de agua fría fue increíble. Tampoco es que esperara gran cosa, pero por lo menos que estuviera limpio y apañao. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que lo que tendría por los próximos 10 meses sería esto:

Poco alentador, ¿verdad?. Un camastro de gomaespuma (luego se ha demostrado incluso cómodo) un dedo y medio de polvo en la mesa, en la silla, en la cocina, partout. Para más inri, no tenía luz, todo estaba sucio y apestaba, por lo que, con las mismas, cogí y me fui, que había quedado con Carol, la granaína con la que volaba. Como ella no había llegado a tiempo para recoger su llave de la residencia, decidimos dormir esa noche en un albergue (esta muy bien, y tiene desayuno, lo digo para el/los que vaya(n) a venir a verme) Después de cenar nos fuimos a Solfé y Masséna, las dos calles de tascas de por aquí. Había ambientazo, pero también una rasquilla desalentadora. Volvimos pronto, puesto que cerraban el albergue, no conocíamos a nadie y viajar agota hasta al más pintado.

Al día siguiente decidí, mientras ella iba a por su habitación y recibía sus cajas de ropa, coger el toro por los cuernos y no dejarme amedrentar por las cerdadas gabachas. Fui, me matriculé en la Université Lille 2 (Droit et Santé) y de vuelta, me arme de lejía, jabón, cepillo, fregona, estropajos, bayetas y demás armas de combate contra el polvo y la suciedad. La habitación quedó limpísima. Y cuando por la tarde fuimos a Ikea, y comprar TODO (se suponía que me daban mantas, sabanas y menaje en la residencia, pero claro, también se suponía que estaba limpia y eso) la cosa mejoró. De hecho ahora está así:

No está mal. Al menos ya no me deprime entrar. Ahora puedo venir, dormir, pasar tiempo en ella, porque ya tengo luz, ya mango internér de por ahí. Solo me queda encontrar a franceses que quieran abrirse (son muy amables, pero sus grupos son cerrados, así que de momento, solo trato con erasmuses)

Os dejo, que hoy hay cena internacional, y hemos quedado los de Murcia en hacer tortilla de patatas y tal. Ya me explayaré más adelante.

Un abrazo