Capítulo I

por Pablo

Al final, salí de Murcia. ¿Quién lo iba a decir? Después de meses viéndolo lejísimos, de pelearme con la burocracia (el vuelva usted mañana de Larra sigue tanto o más vigente ahora que cuando fue escrito) de no pensar en el Erasmus mas que como en algo ajeno, llegó. Pero se ve que los hados, cuanto más quieres una cosa, más difícil hacen que sea alcanzarla.

La despedida, como lo son todas, transcurrió entre lágrimas y sonrisas, porque así es como debe ser.

Después de haber dormido un par o tres de horas, partimos en el coche familiar, los cinco, para ir a Alicante. Allí, como es de sobra conocido por todos, mamá lloró, porque soy el primero que huye del nido. Pero no lloró menos que mi querida P. el día anterior, por la noche, last night on Murcia.

El vuelo transcurrió con normalidad ( por ejemplo aquí, o aquí, o aquí no pasó así) y llegué a Charleroi listo para coger un bus, dos trenes y un metro hasta alcanzar Lille y más en concreto, mi residencia, Fives. Al llegar, el jarro de agua fría fue increíble. Tampoco es que esperara gran cosa, pero por lo menos que estuviera limpio y apañao. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que lo que tendría por los próximos 10 meses sería esto:

Poco alentador, ¿verdad?. Un camastro de gomaespuma (luego se ha demostrado incluso cómodo) un dedo y medio de polvo en la mesa, en la silla, en la cocina, partout. Para más inri, no tenía luz, todo estaba sucio y apestaba, por lo que, con las mismas, cogí y me fui, que había quedado con Carol, la granaína con la que volaba. Como ella no había llegado a tiempo para recoger su llave de la residencia, decidimos dormir esa noche en un albergue (esta muy bien, y tiene desayuno, lo digo para el/los que vaya(n) a venir a verme) Después de cenar nos fuimos a Solfé y Masséna, las dos calles de tascas de por aquí. Había ambientazo, pero también una rasquilla desalentadora. Volvimos pronto, puesto que cerraban el albergue, no conocíamos a nadie y viajar agota hasta al más pintado.

Al día siguiente decidí, mientras ella iba a por su habitación y recibía sus cajas de ropa, coger el toro por los cuernos y no dejarme amedrentar por las cerdadas gabachas. Fui, me matriculé en la Université Lille 2 (Droit et Santé) y de vuelta, me arme de lejía, jabón, cepillo, fregona, estropajos, bayetas y demás armas de combate contra el polvo y la suciedad. La habitación quedó limpísima. Y cuando por la tarde fuimos a Ikea, y comprar TODO (se suponía que me daban mantas, sabanas y menaje en la residencia, pero claro, también se suponía que estaba limpia y eso) la cosa mejoró. De hecho ahora está así:

No está mal. Al menos ya no me deprime entrar. Ahora puedo venir, dormir, pasar tiempo en ella, porque ya tengo luz, ya mango internér de por ahí. Solo me queda encontrar a franceses que quieran abrirse (son muy amables, pero sus grupos son cerrados, así que de momento, solo trato con erasmuses)

Os dejo, que hoy hay cena internacional, y hemos quedado los de Murcia en hacer tortilla de patatas y tal. Ya me explayaré más adelante.

Un abrazo

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