Capítulo II

por Pablo

Esta medio semana, desque la última vez que actualicé, ha sido un sinfín de luchas contra la burocracia, el papeleo, los funcionarios y cabezacuadradismo. Primero y principal, contra la CAF (Caja de Ayuda Familiar, digamos) que es una especie de INEM y más cosas, que te da una ayudita, vengas de donde vengas, para el alquiler, lo cual, dado la paupérrima cantidad de la beca de este año (110 traca-tracas en Murcia, por 250 de Madriz y tachán-tachán, 500 y pico de Andalucía) pues siempre viene bien. Yo calculo que me darán unos 120-130 pavos más, para pagar la residencia. Pues menudo rollo para pedirla. Tuve que pelearme con una gorda, empecinada en que, a pesar de ser de la UE, necesitaba un visado o el pasaporte para poder pedirla, a modo de que era legal que estuviera aquí. Según ella, tenía que ir a la prefectura (la delegación del Gobierno, vamos) y pedir el visado (por el que te cobran) y después entregar las 10 hojas de petición de la CAF. Al final, la gorda estaba equivocada y yo tenía razón (recibí la ayuda inestimable del servicio de rel. internacionales de la Universidad de Lille)

También he estado batallando con la mardita-roedora de la EDF (la compañía eléctrica de mi resi) porque aunque tenía luz, se me cortaba si cocina más tarde de las 8, o  en mitad de la ducha matinal, se cortaba, quedándome a oscuras y sin agua caliente. Resulta que es que he estado sin contrato, a pesar de que como puse en el capítulo anterior, lo había hecho. Los muy ladinos, como es normal, no consideraban que hubiera contrato hasta que les diera un cheque (supercomún aquí pagar las cosas con cheques) o el numero de cuenta corriente francesa. Pero bueno, también esta resuelto, a priori.

Estos días he conocido a un puñao de españoles, he visto por fin a gente en mi residencia (de hecho ayer tenían un fiestón en la azotea de la otra escalera increíble) y lo más reseñable, que hizo que mi madre casi se cayera de culo, fue esto:

Así que ya sabéis, sed buenos disfrutad de la comida de mami, que luego se echa un pelín de menos.

Por cierto, ya es Otoño en Lille, empiezan las lluvias sin preaviso, la rasca helada por las noches (los españoles, como estamos flipados con que se pueda beber en la calle, pues claro, hacemos botellón, con dos cojones) y la humedad que te cala los huesos hasta lo más profundo de tu ser.

À bientôt!

Anuncios