Lille que a los tontos espabille

De Murcia a Lille, en Erasmus.

Mes: noviembre, 2012

Capítulo X (primo)

Bienvenidos una vez más a este blog. Múltiples historias les aguardan en esta nueva entrega, pues el viaje que realicé a Florencia fue intenso, largo y espléndido.

Todo comenzó, el día 20, a las 7 de la mañana. Tomé el metro para ir a la parada del bus que habría de llevarme al aeropuerto, y de allí a Florencia. Llegué justo cuando el bus se marchaba, aunque por fortuna paró amablemente para llevarme o de lo contrario hubiera perdido todo.  El vuelo de ida fue genial, pues puede estirarme en mi amplitud sobre los tres asientos de una fila, al estar el vuelo semivacío (o semilleno, no voy a ponerme pesimista) Al arribar a Pisa, estaba esperándome Paloma, aunque a primera vista no me había percatado

de ello. Cogimos el bus que nos llevaba a Florencia y estuvimos todo el trayecto hablando, porque hacía un mes que no nos veíamos físicamente y yo que sé, es algo que te pide el cuerpo.

Al llegar a su casa, comimos pasta (como descubriréis, la fama de Italia con la pasta es más que merecida. La comen a todas horas. De hecho es raro que no hayan inventado como pasta de chocolate para el desayuno [patente en trámite]) Una pasta muy rica con calabacín y bacón. Después de eso, fuimos a dar una vuelta por Florencia, aprovechando el buen tiempo imperante. Subimos en bus, saltándonos las normas, a la española, al mirador de la Piazza Michelangelo, desde el cual se domina toda Florencia y parte del extranjero. Después, bajamos andando para dar un voltio por los sitios más tipicos de la urbe renacentista: Duomo, Palazzo della Signoria, el David, Santa Croce y el Ponte Vecchio. Volvimos al barrio donde está su casa y nos metimos en un bareto a tomar el aperitivi, que por lo que se ve, allí se toma para cenar y no para comer. Al volver a casa, y para acabar con el hambre por completo, cenamos un par de sangüis de queso terriblemente apestoso que había traído de la France.

Al día siguiente, después de bueno, ya sabéis qué, fuimos al mercado de San Lorenzo, a hacer la compra para comer y esas cosas que hacen las personas. Pasamos por un edificio empapelado de billetes de dólar, no sé si falsos o de verdad. Y compramos para hacer esto: no hagáis caso de mi cara. Son unos tallarines (tararines que dirían en el pueblo de mi padre) con calabacín, anacardos y mozzarella de búfala.

Después de comer vinieron los coleguis de Paloma, a conocerme porque, ¿quién no querría conocerme? Así que hice galletas para agradecerles la visita y porque, bueno, porque me apetecía mucho usar el horno, que aunque las pizzas en la sartén hacen un poco de apaño, no se puede comparar. Son unos tíos muy majos, que no paran de hacer gracias.

Después fuimos a cenar a una pizzería, de esas de masa casera (esta era gorda porque era tradicional napolitana) y encima baratas. Con los ombliguillos tratando de salir de dentro hacia fuera, fuimos a un pub que yo conocía por allí. Pensarán que es un sinsentido esto que les digo, pero lo recordaba como un sitio muy guay y tenía ganas de volver. Por el camino fuimos haciendo turismo, metiéndonos por callejones a medio iluminar o asomándonos a los escaparates de los talleres artesanos del Oltrarno. Nos tomamos unas birras, de tranquis, y luego cogimos la bici de Paloma, que había sido hábilmente serigrafiada por sus coleguis y desde entonces lleva un dibujo de una polla en el sillín. Gracioso, ¿verdad? Volvimos los dos en la bici, tratando de no caernos, de que no nos tocara un coche.

Al final llegamos sanos y salvos, yo con un temblor en las rodillas de no poder sentarme en el sillín y caímos derrengados en el sofá cama, pues la experiencia mortífera de la noche anterior nos hizo movernos de su cama de uno por uno (siendo generoso) al salón, donde la amable surcoreana con la que comparte piso nos levantó a las 8 del día siguiente para ir al baño. Pero eso es otra historia que contaré a lo largo de esta semana.

Gracias por su atención

Capítulo IX

Sí. Lo sé. Llevo mucho tiempo sin actualizar, pero es que estaba esperando que me pasaran cosas chachis, para que penséis que soy un tipo interesante. Así que allá va.

Hace dos fines de semana, en concreto el sábado, fuimos 4 españoles a ver Roubaix, que es un pueblo de los alrededores de Lille que se supone que hay que ir a ver porque tiene un par de cosas interesantes. Pero como estaba todo cerrado (un pueblo fantasma parecía, como Alquife y sus minas) fue un vini, vidi y reverti.

Después esta semana ha sido bastante anodina, hasta el miércoles que fue la flip cup. Inexplicablemente, ni siquiera la cité, y eso que es de los hecho más reseñables de mi vida erasmus. Bueno. Pues hace 3 semanas fuimos a una flip cup que es un concurso de beber birra. Y ganamos. De hecho, aquí tenéis el video de la gesta. Pues bien, como premio, obtuvimos una copa y 4 entradas para el laser tag que hay en Lille. Esta semana hubo otra copa, y claro, volvimos a ganar (aún no hay video, pero en cuanto salga, calentito, lo pongo aquí). Esta vez además de lo anterior, recibimos también unas camisetas y 2 litros y medio de cerveza (además de las 7 cervezas que llevábamos en el cuerpo por haber pasado todas las rondas) Total, que somos los reyes de la cerveza entre la comunidad erasmus. Qué honor.

El jueves y el viernes nada de nada, estuve todo el día encerrado en mi habitación, estudiando y todo el día en chandal. Un asco.

Pero entonces el sábado volvió a la carga, y fue un día redondo. Vinieron Juanma, Jose (de Murcia) y Jesús (salmantino) a mi resi, por fin, después de tanto tiempo invitándoles a venir, y comimos lentejas, que se han convertido en un must entre la comunidad española, pues recuerdan a casa, al hogar. Vimos la peli de 300, esa memez plena de sangre, visceras y gráficos por ordenador un tanto cutres, pero bueno, si eres macho (y yo lo soy) tienes que verla. Después, para quemar el plataco que cada uno nos soplamos, fuimos al laser tag, a usar nuestras entradas conseguidas con la noble afición de beber cerveza. Fue como un viaje en el tiempo, volví a los 12 años, disfruté como un enano disparando a la gente, con la adrenalina de no saber por dónde te van a venir y sudando la gota gorda, porque el equipo pesaba lo suyo. Al final, parece que no se me dio muy bien:Después, por la noche, fui con Juanma y Ozgur (un kurdo que viene con nosotros casi siempre) al piso de un turco, pues me aseguraron que habría muchos erasmus y franceses. Yo me las prometía muy feliz, por fin la típica fiesta en una casa iba a tener lugar, pero al llegar, nos encontramos con que había 6 personas bebiendo vino, sentado en derredor de una mesa. A priori puede parecer un poco bajón, ¿no? pues no. Estuvimos hablando con el turco, el kurdo y un hongkonés durante dos horas sobre economía mundial, países en desarrollo y sobre la democracia en nuestros tres países. Una delicia. Disfruté como un enano y me acordé mucho de Pablo, de Ángel y de Luis.

Y ayer, domingo 18 de noviembre, íbamos a ir a un partido de rugby, porque aquí hay una gran afición, pero por primera vez en mi vida, me perdí. Si, tal y como lo leéis. Me confundí de parada de metro y me fui a la otra punta de la ciudad. Total, que no llegamos a tiempo, pero como contraprestación pudimos disfrutar de esta maravilla de parque. Gracias a que hizo un día estupendo.

Y nada más. Mañana martes parto a Florencia, a ver a Paloma, así que cuando vuelva os contaré con pelos y señales (nunca he entendido el porqué de los pelos en esa frase) cómo me ha ido.

 

Un abrazo.

Capítulo VIII

Saludos amigos:

Esta semana de vacaciones comenzó con buen pie: el martes fuimos al mercado de Wazemmes que es un barrio así, muy multicultural él, y aprovechando que había mercado (el de los domingo es el más chachi, porque también se ponen cosas de antigüedades, tipo rastro) los que estábamos aún aquí (recordemos, se había ido todo quisqui de viaje) nos hicimos un don Solomillón al Roquefog, con papas fritas y un buen pan. Tremendo.

Pero es que claro, lo mejor entoavía estaba por venir, porque el jueves llegaba la parentela a verme. Papa, mama y los nenes. Un lujo, oiga. Lástima del tiempo de perros y gatos que hizo.

El jueves mismo, después de comer, fuimos a ver Lille; o al menos la parte de Lille que mola, la del Vieux Lille, con sus casitas antiguas, sus tiendas artesanas, sus baretos y estaminets, que son las tabernas típicas con comida casera de la región. De hecho, cenamos en uno de ellos. Pero como el personal estaba cansado, del palizón de viaje a Madrid, más el avión temprano y tal, volvimos pronto. Yo dormí en mi habitación, claro.

El viernes, salimos temprano con el coche de alquiler dirección Brujas, porque había coincidido que mis primos de Burgos habían ido también por el puente a Bélgica y decidimos quedar allí, para vernos y toda la pesca. La verdad es que de Brujas vimos bien poco, porque hacía un frío horroroso, y llovía a mares. Vimos la plaza del ayuntamiento, la basílica, los canales y todo lo típico. Yo ya había estado de cuando hice el Interrail, así que no era nada nuevo para mí. Pero bueno, una maravilla de ciudad. Después de comer fuimos, esta vez solo los Contrerillas, a ver Gante, que está cerca, y bueno, es un sitio que hay que ver si estás por la zona. La lástima es que, claro, aquí ya estamos en otoño, casi invierno, y anochece a las 5.30 o así. Y unido a la lluvia, al frío glacial, a que aparcamos donde cristo perdió la chancla, y a que viajar cansa, la visita a Gante fue cuanto menos escasa. Pero bueno, vimos las 3 torres que tiene (el campanario, el ayuntamiento y una torre sin ninguna función aparente) y dimos buena cuenta de los gofres belgas.

Al volver a Lille, cenamos en una brasserie donde hacen sus propias cervezas, de 4 tipos diferentes. Y es que claro, al estar pegando a Bélgica, hay una gran tradición cervecera. De hecho, el gobierno de Hollande quiere subir los impuestos sobre la cerveza, y en lo único en que se han puesto de acuerdo los dos grandes partidos en la región (el UMP de Sarkozy y el PS de Hollande) es en ponerse en contra de dicha subida. Que tendrá el néctar de los dioses…

(nota: hasta aquí no hay fotos porque perdimos la cámara en Brujas, luego el otro día si que me llevé yo mi cámara y las fotos están más abajo, entre el texto)

Al día siguiente, también temprano, nos pusimos en marcha a Dinant, un pueblo pequeño a orillas del río Mosa, muy bonito. Está construido en medio de la garganta de piedra que ha ido erosionando el río a lo largo del tiempo y la verdad es que el conjunto es precioso. Además es famoso por dos cosas: por ser el lugar donde se fabrica la cerveza Leffe (esa que parece de abadía, esta, pues en realidad es una cervecera normal, ¿que esperabais?) y porque allí nació el señor Adolphe Sax, inventor del saxomofón.

Y ahí hubo una batalla que te cagas en la I Guerra Mundial, pero eso es harina de otro costal. Aquí otra afoto:

Después de Dinant, volviendo por la autovía (¡conduje yo!) vimos que había un pueblo que se llamaba Tournai, que era Patrimonio Mundial o no se qué. Entramos y si, era muy bonita, con una catedral románica enorme (sé lo antitético de la frase, pero era así) y una Grand Place muy maja. Lo único es que, al ser la primera ciudad belga en ser liberada por los aliados en la II Guerra Mundial, la mayor parte era reconstruido. Volvimos a Lille, y cenamos en otro estaminet, esta vez  en uno especializado en pato. Allí me comí una de las tres mejores hamburguesas (de pato y con jamón de pato, of course) de mi vida. La primera, cómo no, fue en Argentina, y la segunda en Irlanda. Volvimos al hotel, a despedirme de los muchachos y de los papás, porque se iban a la mañana siguiente muy temprano y ya no los veré hasta diciembre.

El domingo, en su honor, y agradeciéndoles eternamente su visita y sus presentes, me recorrí el barrio entero para encontrar pan y poder comerme esto:

Hasta más ver.