Lille que a los tontos espabille

De Murcia a Lille, en Erasmus.

Mes: diciembre, 2012

Capítulo XI

Veamos, porque tengo muchas cosas que contar y tampoco quiero aquí hacer un tocho que nadie lea (porque es un hecho que se pierde el interés de leer cosas en internet si tiene más de tres párrafos, a menos que sea JotDown)

Así pues, seré breve y certero cual Lucky Luke (que para eso era de aquí)

  • Ya tengo piso. Bueno, no es piso, es casa. Una casa de 3 plantas para vivir con 4 franceses, con jardín, sótano y habitación en la buhardilla. Cuando me instale en Enero, os la enseñaré. La única pega es que tengo que cruzar dos pasos a nivel y que la parada de metro más cercana está a veinte minutos.
  • Por la razón anterior estoy con un estrés considerable (amén de por los exámenes, pues estudiarme cerca de 500 páginas en francés para hacerlos orales es algo que me puede) ya que tengo que estar todo el rato de aquí para allá, cambiando domicilio, rescindiendo contratos, pidiendo favores…
  • Hace mucho frío, muchísimo. De hecho, ha nevado ya tres o cuatro veces, lo que pasa es que no ha cuajado mucho y claro a medio día (que aquí es casi al atardecer) pues apenas queda nada.

Finalmente, porque lo bueno siempre se deja para el final, os cuento cómo fue la visita de Luis y Josemi, mis muy mejores amigos (hay más, que no se ofenda naide) :

Llegaron, como bravíos, el viernes por la noche, cargados con una maleta y abrigados hasta los trenques. Fuimos andando hasta la resi, porque según dijo Josemi textualmente: “tenemos el culo carpeta de estar todo el día sentados”. Estuvimos un montón de rato hablando mientras cenábamos porque hacía mucho tiempo que no nos veíamos y había que ponerse al día. Fuimos después a Le Solferino, magno bar de sobra conocido por sus fantásticas cervezas a 3 euros y sus luces de neón que lo dotan de un aire de, digamos, club de mujeres selectas de carretera. Después tomamos otra cerveza en el Galway, un sitio en el que yo nunca había entrado. Estuvimos allí, hablando de fútbol (!) y estableciendo las diferencias entre la vida española y la vida europea. No ganó nadie, porque cada uno tiene su parte buena y porque todos éramos partidistas, así que no podíamos ser imparciales.

Al día siguiente, nos metimos un buen tute porque los llevé por todo el Vieux Lille. Aunque primero fuimos a hacer la compra al Leclerc de al lado de la resi porque me quedaba una semana para volver a casa y estaba bajo mínimos, además de que ellos también tienen esa manía de comer. Como nos habíamos levantado tarde y habíamos ido a la compra, acabamos por el Vieux Lille a eso de la hora de comer (horario español) y claro, los estaminets ya habían terminado el servicio y no servían. Luego de patearnos un montón de ellos y encontrarnos con el no por respuesta, optamos por ir a la Brasserie a la que fui cuando vinieron papi y mami, esa que hacían sus propias cervezas. Después nos recorrimos todas las callejas del centro, viendo las tiendas, y las luces de navidad y esas cosas. Fuimos porque yo sabía que a Luis le iba a gustar, al láser tag. De hecho jugamos, porque era uno de esas cosas que se ha de hacer una vez en la vida. Es como la guerra del primer mundo (no hay dolor ni muerte, solo un poquito de adrenalina) Luis, como todos sabéis, es el mejor del mundo en todo lo que se proponga, así que quedó cuarto en su primera partida. Josemi y yo quedamos un poco más atrás en la clasificación, puede que diez o doce puestos detrás. Nos dimos una vuelta por el mercadillo de Navidaz y volvimos a casa que hacía frío y estábamos cansados. Cenamos unos bocatas de caballo (preguntad, si tenéis ocasión a Josemi cómo estaba la carne, pues estuvo batiéndose en duelo con ella durante un gran rato) y estuvimos bebiendo vino y cerveza hasta que fue hora de coger el último metro. Estuvimos, de hecho a punto de no salir, porque estábamos de tranquis viendo videos en yutub y daba pereza. Al final nos repusimos y fuimos corriendo al metro. Compraron los billetes, ticaron y ñaaaaoooo…el último metro efectuó su salida. Sin nosotros dentro. Pues nada chicos, habrá que ir a pata. Al llegar al centro, fuimos a un disco-pub y mis niños descubrieron en sus carnes lo que era la noche francesa. Sobre todo por lo caro de las copas. Después fuimos a una discoteca (lo sé, lo siento) y aguantamos hasta las 4 y pico, para coger acto seguido el bus de las potas, el terrible nocturno. Arribamos sanos y salvos a la residencia y estuvimos muertos hasta el día siguiente bien entrada la mañana.

Melé

El domingo, hice spaghetti carbonara y nos fuimos a ver el rugby. Sí amigos, fuimos a ver el rugby, porque en Francia hay mucha tradición y es un deporte muy noble. La verdad es que el partido fue poco espectacular, pero como era la primera vez que íbamos a uno, flipamos en colores con todas las melés, los ensayos y tal. Además la afición de rugby es muy simpática y siempre están animando. Y son muy educados, pues aplaudían los (pocos) tantos del equipo rival. Pasamos un frío del carajo, eso sí, pues de estar allí, sentadicos, y al atardecer (el partido empezaba a las 3, así que sí, al atardecer) terminas como se conoce comúnmente como destemplao. ¡Ah! Y me hinché a pipas, que las echaba de

Allez les LMR

menos porque aquí no venden nada más que en kilos en el súper y me trajeron de España. Después del rugby, fuimos a ver los lagos de Villeneuve d’Ascq y volvimos raudos y veloces al metro, pues estaba helando.

Esa noche cenamos salchichas con papas fritas caseras y la pasamos bebiendo birras y viendo videos chorra. Me gustó algo que dijo Luis de que era totalmente universitario, pues la escena era la siguiente: colchones en el suelo, ropa, mantas y zapatillas desperdigadas por el suelo, rock sonando por ahí, cerveza, comer cualquier cosas buena bonita y barata y hablando de utopías y sus contras (pregunten por Luisonia) Qué mayores estamos ya, joder.

A la mañana siguiente, después de acabar a las tantas porque Internet, como de costumbre, fallaba, los acompañé a la estación para que cogieran el bus, prometiéndoles que nos veríamos en una semana (yo, por si no lo sabíais, vuelvo el domingo a España, que ahora por Navidad hay que estudiar en sitios conocidos)

Para acabar este estupentástico y fantasbuloso blog por este año 2012, os dejo con esta bella estampa; la visión desde mi habitación durante estos tres meses (o cuatro más bien)

A picture, every  fortnight

                                                                                         (hay que hacer click para que se vea lo bonito)

Pax et amore

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Capítulo X (terzo)

Pues como lo prometido es deuda y no quiero problemas con los inversores de este blog, heme aquí que os presento la última parte de mi apasionante visita a Florencia (que así como nombre de ciudad es bonita y poética, pero imagináoslo para nombre de mujer. Es una jugarreta fea, si eres los padres)

Nos quedamos, queridos amigos, cuando iban a venir los italianos a fare la pizza. La verdad es que la velada estuvo guay, porque era todo rollo tranqui, con música en vivo y online (de nada Paloma por hacer que Spotify funcione en Itagliatelle) con pizzas sanísimas y con muy buen ambiente (incluso recuerdo que estuve hablando de Camarón con un gallego que estaba de visita y que tocaba en la calle) Después de todo eso, salimos un poco, pero era tan tarde que acabamos por volver temprano a casa, que había sido un día agotador.

Bien, en este momento de la historia hemos alcanzado el ecuador (puede que nos hayamos pasado en un día pero qué más da) de la visita. Confiando en que mi papa no lea esto, la idea original era ir solo 3 días (2,5 días si tenemos en cuenta los trayectos en bus y avión) pero al final cambié los vuelos y estuve 6 días. Así que si lo veis y habláis con él del tema, todo lo que viene a continuación nunca existió, ¿de acuerdo?

Prosigo. El día sábado nos levantamos solos en la casa. La surcoreana había dormido en otro sitio y la compi de Paloma había partido con su chorbo italianini a Verona (sí, hombre, sí, en donde el Romeo, el hijo del señor Montesco se mató en pensando que la Julieta, la hija de la señora Capuleto se había muerto, pero en realidad no, y luego la Julieta, la tonta, al ver el estropicio que había armao, pos se mató a sí misma también)

Así pues, por la mañana estuvimos haciendo el perro, hasta que entró gusa y, sin que sirva de precedente, Paloma ideó e hizo la receta. Sí, habéis leído bien, la hizo ella. Y estaba riquísima. No os diré qué fue porque fue un poco de todo, un pot-pourri de verduras y pasta. Yo por mi parte, di forma a la masa que sobró el día anterior e hice una focaccia. Focaccia

Después de comer, dormimos un poco la siesta, con la televisión italiana encendida. Desde aquí hago un llamamiento a los directivos de Mediaset España: Paolo y Silvio, no convirtáis la tele española en eso. Por favor os lo pido. Gracias de antebrazo.

Luego, fuimos a dar una vuelta por ahí. Estuvimos por los alrededores de Santa Croce, nos tomamos un vinito en un bar-librería y después fuimos al súper a comprar algo barato para cenar románticamente esa noche. El resultado, aunque algo parco, fue este: Ágape

Como puede comprobarse, si no eres mediterráneo en Italia revientas. Creo que incluso luego echan los restos de tu cuerpo explotado fuera del país. O eres mediterráneo o te vas, pone en sus aduanas (aunque ahora con el tratado Schengen no hacen falta) Estuvimos hasta tarde en casa, hablando. Y hablamos tanto, que Paloma se quedó frita en la cama. Así que aproveché la ocasión para ponerme raudo y veloz  ojear las noticias, menéame y demás droga digital.

El domingo era mi último día en la tierra toscana, así que fue bastante intenso. Por la mañana dimos una vuelta por el barrio, compramos pan, una porción de pizza y un nosequé relleno de berenjena y tomamos el bus que nos habría de llevar a Fiesole.

La posante sobre el mar de nubes

Como podéis imaginar, las vistas desde las colinas del pueblo sobre Florencia y la Toscana eran espectaculares. Además, como en todos los días de mi estancia allí, el tiempo era el propicio.

EaComimos, tomamos un café de termo, leyó, y nos volvimos, que no era de rigor pagar otra vez por un tique de bus. De vuelta a la jassa (fonéticamente se dice así allí) yo comencé a recoger los bártulos, las cosas que me había traído, las que me llevaba, las que dejaba, etc. Fuimos a cenar a una tasca, donde hacían paninnis (bocatas calientes, no penséis en pan-pizza) que estaban realmente buenos y eran realmente baratos. Después, paseamos, hablamos, nos quisimos. En fin, nos despedimos.

Fuimos al Ponte Santa Trinitá que tiene unos pilares enormes desde los que te puedes repantigar y ver el Ponte Vecchio la nuit. Y después, a  la Cité, un bar en la misma calle de su casa, con muy buen ambiente siempre y a todas horas, tanto para café a media tarde mientras lees un libro de los que allí venden, como por la noche con alguna de sus actuaciones en directo (próximamente Paloma y Los Spaghetti tocarán allí) como era el caso de esa noche. No, no cobro nada por esa publicidad.

Y después, pues volvimos a casa, y nos despedimos y a la mañana siguiente, también, porque no queríamos. Y el resto, me lo guardo. Que tampoco hace falta que sepáis todo.Fin de Viaje

Baci.

 

 

 

Capítulo X (secondo)

Tal y cómo prometí, he aquí la segunda de una serie de catastróficas entradas de Pablony Snicket.

Nos habíamos quedado en que la surcoreana (seamos francos, para cualquier occidental, y más para los españoles, es una china, sin más) nos había despertado a las 8 de la mañana. No la culpo, era jueves y la gente seguía teniendo clase. Así que aprovechamos el madrugón para ir por ahí, a pasear y a hacer cosas. Fuimos primero a una biblioteca preciosa, de estas antiguas, con estanterías (o lejas para los que solo entiendan el habla de Murcia) enormes repletas de libros carcomidos,ajados y usados, con escaleras corredizas y grandes mesas de caoba iluminadas por lamparitas de estas típicas de oficina vieja. Una maravilla. Claro que antes habíamos ido a una tienda de segunda mano a comprarme una parka casi tan chula como la biblioteca. Y solo por 10 euros, nena.

Después fuimos a la mal llamada plaza más fea de Florencia. Es una bastante grande, rodeada por una arcada altísima, muy basta, pero bonita. Es cierto que, en comparación el resto de la monumental Florencia es un poco sosa, pero tenía su encanto. Estuvimos allí un buen rato tomando el solecillo, que bien lo necesitaba. Hasta que fui, no me había percatado de lo importante que es el sol, dada mi condición de mediterráneo. Pero cuando llegué y vi el sol, me cambió el ánimo. O puede que fuera el hecho de ver a Paloma, a la que tenía ya muchas ganas de ver. O el hecho de que hacía casi dos semanas que no veía el sol directamente (no luz, sol) en Lille. O puede que coincidiera todo y ya.

Más tarde, mientras íbamos buscando un sitio donde comer, pasamos un mercadillo de antigüedades, y he aquí un retrato del momento: Bonico del tó

Y por fin hallamos el lugar que estábamos buscando. Era como el abuelo de los bocatas de Murcia, solo que con un poco más de gracejo. Y hacían unos bocatas que te mueres de buenos, lo único es que estaban tan salados que casi pierdo la vista. Esto es así porque los probos fiorentinos han aprendido hace poco a hacer pan con sal. La historia me la contó Paloma y es harto curiosa. Resulta que, como sabéis, en Florencia partían el bacalao los Médicis. Pero en Pisa, que está bien cerca, había otra familia, y se ve que pugnaban ambas por domeñar la Toscana. Y como Pisa está al lado del mar, pues decidió que para fastidiar, iba a poner un impuestaco que te cagas a la sal, para que los florentinos se arruinaran y así boyar ellos (¿os suena?) Y los florentinos, que son más chulos que nadie, dijeron: ah, ¿si? pues para listos nosotros. Y decidieron que para depender menos de Pisa, harían el pan sin sal. Con dos cojones. Así que eso de salar el pan es cosa de hace poco, de cuando empezamos a llegar los turistas que estamos acostumbrados a ciertos lujos como la sal en el pan.

Luego del bocata, fuimos a tomar un café a la terraza de una biblioteca que probablemente tenga una de las mejores vistas del Duomo. Hela aquí:

Tejados y Duomo

En siguiendo, volvimos a casa, a descansar un ratejo, pues esa noche habían organizado una fiesta en casa, para que el resto de personas que no me conocían, pudieran hacerlo. No les iba a quitar el gusto a los pobres. Así que estuvimos allí, haciendo cosas, y después fuimos a darnos una vuelta en las bicis mientras la compañera de piso de Paloma preparaba las cosas. Esa noche estuvo bien, la gente era muy maja y trajo cosas muy ricas de cena. Y bebí vino tranquilamente como los mayores. A posteriori anduvimos a una de las mejores ideas que probablemente hayan tenido los italianos tras la ópera, el renacimiento y el imperialismo comercial: una fiesta en la facultad. Me pareció una iniciativa genial eso de que te dejen un par de aulas y tu montes la fiesta allí. Luego lo limpias y todos tan contentos. De hecho cuando fuimos acababa de terminar una batalla de bandas y luego estuvieron pinchando buen bebop y mejor swing. Increíble.

Al día siguiente, tras levantarnos a una hora razonable, fuimos a hacer la compra, pues yo había prometido que iba a hacer una suculenta lasaña. ¿Que por qué? Pues porque tenía ganas de usar un horno. Y porque puedo. A ver qué os creéis. No hay fotos porque la lasaña literalmente voló de los platos. Solo diré que la bechamel me quedó sin un grumo, suave y delicada. Y que los pestoquesos hicieron un buen trabajo.

Y como buenos italianos de adopción, fuimos seguidamente a tomarnos un café a una cafetería cerca de casa, así muy mona, de estas un poco cursis que están tan de moda, que hacen cupcakes y galletas con glaseado de colorines. Bici en mano, partimos inmediatamente después a ver la ciudadela, ya sabéis, esas viejas fortificaciones militares. En Lille también tenemos una y no vamos fardando tanto. Y tiene militares de verdad en su interior. Y estuvimos allí, tomando la fresca, hasta que se hizo la hora de volver a casa, porque esa noche habían quedado para que unos italianos (de carne y hueso) vinieran a hacer pizzas (de masa y verduras) y estar de tranquis en la cocina. Pero eso queda para la siguiente (probablemente última) parte.

Vamos que nos vamos

Un abrazo.