Capítulo XIII

por Pablo

Estimados,

Heme aquí en la solitud de mi cámara, disfrutando del placer que produce en el cuerpo y en la mente el no tener ningún quehacer en el horizonte cercano. Como habrán podido deducir de esta frase, he acabado con las pruebas de capacidad sobre el Derecho, la ciencia de  Gayo, Ulpiano, Paulo, Modestino y Papiniano. De sobra es conocido por ustedes que nunca he sido muy versado en leyes, que el estudio del Derecho no es (digámoslo de un modo elegante) una pasión para mí. Pero, sea porque la acción constante de la lluvia haya reblandecido la dureza de mi cráneo, sea porque el cambio de hogar haya galvanizado mi ánimo o por alguna otra razón que escapa a mi entendimiento, he conseguido sacar con dignidad los exámenes. Lo cual, dado lo amplio de mi cortomanguismo es cuanto menos merecedor de un reconocimiento.

Esta hebdómada ha sido bastante anodina, siendo franco. Si, ha estado completa de controles (hasta 5 en una semana, pardiez) pero fuera de ahí, nada en particular. Siento si les decepciono, pero es que no va a haber ni tan siquiera algún retrato, porque no he dado uso al daguerrotipo.

Les despido afectuosímo, en espera que esta semana que entra sea más concurrida, animosa y excitante, en comparación a lo estéril de la presente que toca a su fin. Probablemente haya habido momentos interesantes, pero estoy demasiado cansado para intentar siquiera recordar y soy demasiado viejo y rico para todo lo demás.

Suyo,

Exmo. Señor Don Pablo de Contreras y Valcárcel

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