Capítulo XV

por Pablo

Pos ná, aqui estemos otra ves, ándole perico al torno.

El domingo pasado, que no lo puse, fui a la piscina de la universidad, al lado de mi casa, con Juanma, a depurar el organismo y la verdad es que fue mano de santo. No descarto convertirlo en una costumbre semanal (sí, no tengo fiebre ni nada)

El lunes fue un día sorpresivo y bizarre: la noche anterior la italiana (a partir de ahora la llamaré Fede, que por algo tiene nombre) había ido a un concierto en un bareto de Lille que daban unos italianos, de Florencia por más señas. A eso de las 5 de la mañana, cuando comenzó una tormenta bastante fuerte (con rayos, truenos, viento y demás cosas de tormentas) oí voces en la habitación de al lado, así que supuse que bueno, que Fede había hecho algún amigo. Mi sorpresa fue mayúscula cuando a la mañana siguiente, al ir a la ducha, me encuentro con un tío en mi rellano, pero al salir de la ducha, me encuentro con otro tío distinto que salía del baño. Caray con Fede…

Al final me contaron que estaban de gira por Europa y que se iban a quedar en casa del dueño del bar pero les dijo que no al final y Fede les dijo que durmieran con ella. Para dar un nuevo giro a la historia, esta vez gastronómico, yo hice de comer, para 3 italianos, lasaña. Creo que gustó, que no distaba mucho de la de allí. Punto para mí, sono bravo.

A destacar del resto de la semana:

-El miércoles fuimos a comer a un bareto del centro, donde cada semana hacen couscous. Pero no penséis que es ahí, ale, couscous como si fuera taboulé, si no algo totalmente distinto. Era una suerte de cocido, porque era un montón de carne (pollo, cordero y merguez) servido con una fuente de verdura (patata, calabaza, calabacín y otras no identificadas flotando en un caldo de haber cocido con la carne) junto a un platito con garbanzos y un plato grande de el cuscús propiamente dicho, la sémola. Con todo eso se hacía un batiburrillo y ale, a ponerte hasta las cejas. Maravilloso.

-El sábado comí estofado de caballo, que ahora está muy de moda. Después, pasé un rato con Fede y sus amiguicas, que habían venido a comer a mi casa y habían hecho tiramisú, muy güeno.

Y para el final he querido dejar probablemente la mejor fiesta a la que ido en el Erasmus (y puede que en mucho tiempo): el Carnaval de Dunkerque. Os introduzco brevemente; el carnaval dura 2 meses, de febrero a abril, y tiene su origen en la partida de los marinos a los caladeros de Islandia, así como en un homenaje al célebre corsario dunkerqués Jan Bart. Lo disfraces tradicionales son de marineros (tipo capitán pescanova) o de mujer (los hombres, pero claro de mujer excesiva, con mucho maquillaje, medias imposibles etc, etc.) Si queréis más: aquí

Pasacalles

 

Ya en la plaza

El modus operandi en Dunkerque es un enorme pasacalles donde todo el mundo puede formar parte, que recorre dando vueltas y vueltas la ciudad, según la voluntad del Tambor Mayor, que abre la comitiva. Van acompañados de una charanga que toca canciones típicas marineras que todos conocen. El desfile llega a la plaza de Jan Bart y alrededor de su estatua comienzan a girar todos los de las distintas peñas (y quien quiera, porque nosotros también nos metimos) al son de la banda de música. Es un poco caótico porque tienen que hacer esto, pero es tremendamente divertido. Así era como íbamos y así me despido

 

Todas unas señoritas

Anuncios