Capítulo XVII

por Pablo

Sziasztok,

sé que hace mucho tiempo que no escribo (porque la anterior entrada, para aquel que no lo sepa, fue obra y gracia del Espiritu Santo, esto es, Paloma). Por ello, paso a contaros como me ha ido desde la vuelta de Florencia.

El mismo día que volvía fui al concierto de Sigur Rós, que había comprado la entrada hacía tiempo con Pedro y tenía ganas de ver como tocaban. Fuimos con Federica y sus amigas, que también son melómanas. El concierto, en contra de lo esperado (se me antojaba, tras la escucha del último disco que sería un concierto para ir directo a la piltra) fue más bien cañero, se portaron como era debido. Dos horas y poco de concierto sin pausas. Solo dijeron una frase, de 4 palabras. Realmente lo peor del concierto fue la media hora insoportable del telonero, un “dj” que se dedicaba a poner una especie de canto psicotrópico-electrónico de ballenas. El horror.

Al día siguiente, me quedé en casa, poniendo lavadoras y descansando un poco, ya que al día siguiente (2 de marzo, para el que se pierda) partía con los muchachos a Budapest.

Así pues, llegamos a Budapest 6 tíos como 6 soles: 2 madrileños (Pedro y su colega Héctor, que estaba de visita) 3 murcianos (Jose, Juanma y yo mesmo) y un charro (Jesús). Montamos en un metro de hace 50 años, o más, de cuando los comunistas campaban a sus anchas por aquestas tierras. Llegamos al albergue, ALBERGUE, mayúsculo, el mejor en el que he estado en mi vida, y he ido a unos cuantos. Era un antiguo hotel de 4 estrellas y era una maravilla. Si tenéis interés o pensamiento de ir a Budapest, he aquí. Güeno, bonico y barato.

Frente a las termas Rudas

Esa misma noche, fuimos a las termas Rudas, que de viernes a domingo abren hasta las 4 de la madrugada. Cruzamos el Danubio, esta vez verde o marrón (ya conocéis mi grave defecto genético) y no azul como siempre nos han vendido. Las termas eran una maravilla, muy muy antiguas, con saunas de hasta 72 grados (he de decir que estuve, pero no aguanté más de 2 minutos porque era peor que Murcia en verano), frigidarium, caldarium y tepidarium. Un lujo.

 

Al día siguiente bajamos a desayunar en el bufé libre que había (pagando unos 4 eurillos al cambio, porque allí siguen teniendo su propia moneda, el Forinto, y no el Florín como todos pensamos, pues el Florín era la antigua moneda neerlandesa) y nos hartamos a comer, con fruición y ansia. Tampoco había mucho donde elegir, pero hicimos muchos sandwiches para cenar o para la gumia. Acudimos in extremis al tour turístico en español, de esos que hay que dar la voluntad. Dimos un extensísimo paseo por Buda, por Pest y por la madre que la parió. Nos contó un montón de anécdotas de estas que te sirven para darte el pisto luego. Y es lo que voy a hacer ahora, a propósito del origen del nombre Hungría.

Más chulo que un ochoEs de dominio público que los húngaros se denominan a sí mismos magyares, y el resto del mundo los llamamos húngaros, hungarians, hongrois etc, etc. El porqué es debido a una confusión historica. Cuando los hunos invadieron Europa del Este tenían una táctica de ataque muy perfeccionada, pudiendo disparar con el arco desde el caballo. Cuando Atila la palmó, el imperio huno se desgajó de la noche a la mañana y Europa pudo respirar tranquila un tiempo. Pero a los pocos años, una nueva tribu apareció, los magyares, que tenían la misma técnica de batalla. Así pues, en Europa volvió a cundir el pánico porque pensaban que eran los hunos que volvían. Pero estos no eran tan buenos como los originales y por eso se quedaron circunscritos a la zona de la actual Hungría. Así pues, húngaro viene de huno. Ya sabéis algo más.

Esa noche fuimos al Szimpla, el más famoso de los bares en ruinas de Budapest. Los ruin bars, son antiguos edificios que, tras la II Guerra Mundial estaban seriamente dañados, pero un grupo de artistas aquicenses los rescató e hizo bares al estilo de las casas okupas de Berlín (qué fue primero el huevo o la gallina) con arte, con chatarra y con cosas bizarras.

El lunes nos dimos una caminata para ir al mercado cubierto más grande de Europa, para cruzar un puente de hierro muy bonito (lugar donde se tomó la peor foto de la historia, que está por mi fb) y para ir a la estatua de la Libertad húngara.
Desde la Estatua de la Libertad

 

Esa noche, al Szimpla otra vez, que el hombre es animal de costumbres (de hecho ese día comimos en el mismo Burger King donde cenamos la primera noche, para corroborar esa afirmación)

El martes fuimos a estas termas después de por fin, haber probado comida húngara. Me comí un gulash que estaba vicio, muy picante por el paprika, pero estupentástico. Fuimos, como digo, a otras termas, pero estas me gustaron menos. Sí, tenían piscinas calientes exteriores, pero tenía menos encanto. Había más gente, pero tenía muchas cosas repetidas, hasta la extenuación. Pero bueno, las termas, con sus calores siempre son disfrutables.  Furdo

Esa noche, la última, bebimos un montón de vino para nada, porque estábamos tan cansados y teníamos que levantarnos razonablemente pronto para no pagar otro día, que nos fuimos directos a la cama.

Como reflexión final, os expongo que Budapest merece la pena, es relativamente barata (quizá por el cambio no te das cuenta) tiene mucho por ver, muchas cosas por hacer, gente muy maja que sabe inglés porque su idioma no lo habla ni cristofer y tiene termas. Puede que el hecho de que haya ido con gente muy muy maja, que me haya reído a todas horas, sin parar y que haya hecho buen tiempo (ay, el sol) influya, pero no creo.

Puesta de sol en Buda desde Pest

 

Viszontlátásra,

Pablo.

 

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