Capítulo XVIII

por Pablo

Sí, es cierto, hace tiempo que no actualizo, pero qué queréis, apenas había hecho nada desque volví de Budapeste y tampoco iba a escribir por escribir. Así que os contaré que he hecho estos días que ha venido Paloma a verme, que ha sido mi cumplesaños y demás.

Vino Paloma, decía, a verme, porque cumplía años, porque le tocaba a ella venir al frío y porque sí. Hemos hecho pocas cosas (que puedan contarse así, a lo loco y que merezcan la pena poner aquí) porque ha estado un poco pocha estos días y hacía bastante frío, pero bueno, las que hemos hecho han estado muy muy bien. Someramente os diré que el resto del tiempo que no aparezca aquí estábamos en casa, comiendo gofres con chocolate y escuchando música.

Puestos en acción, os cuento que fuimos a París a pasar el día de mi cumple, en el que fue uno de los días más laaaaaaargos de mi existencia en este planeta azul en mitad del Brazo de Orión de la Vía Láctea. Y es que resulta que, como íbamos en bus y está París a cierta distancia (3 horas para ser exactos) tuvimos que despertar a las 3 de la mañana, pues el bus partía a las 5 y necesitábamos casi una hora para llegar hasta la estación (porque no había ni metro ni bus ni nada de nada). Así que claro, llegamos a las 8 de la mañana, con un frío que rajaba las piedras, a la ciudad de la luz, que esta vez estaba encapotada y no tenía luz por ningún sitio.

Île de la Cité

Fue un día muy provechoso, porque teníamos mucho tiempo. La tourneé consistió en: Notre-Dame (que cumplía 850 años) el Museo D’Orsay (que teníamos pendientes a los impresionistas de la última visita, que fuimos y estaban de viaje por España, valga la ironía), le Marais, el mejor sitio para comer de todo París (aunque suene snob, este es con diferencia el puesto con el mejor bocadillo de toda la historia de los emparedados) y finalmente el chupiguay-hasta-la-nausea barrio de Montmartre.PaggíCompramos ropa de segunda mano, bebimos café en termo, un cóctel pésimo en un bar, comimos croissants, plátanos y patatas fritas. Nos pateamos todo París, con fruición. Hicimos unos 15 kilómetros a pata aprox., lo cual es incluso obsceno (aquí la ruta). Vimos el atardecer desde el Sacre Coeur y pasamos por los escenarios de la hoy tan mal envejecida Le Fabuleux Destin D’Amélie Poulain. Llegamos a Lille a las 0.30, fenecidos. Ni siquiera hablamos antes de dormir, de tan cansados.

A falta de tarta, buenos son plátanos

El jueves celebré una pequeña fiesta de cumple en casa. Hice un montón de platos, todos franceses, como dios manda. Me ayudó mi pinche Paloma, hay que decir. El menú fue Ratatouille (con la que me pasé un poco con el picante) Tartiflette, quiche Lorraine, quesos varios, todos pestosos, Tapenade y fuá. Y luego hubo tarta de galletas con chocolate (obra y gracia de Paloma) y pastel de manzana (cortesía de Fede) Luego salimos un poquillo y este fue el resultado:

Le Solferino

 

 

El resto de días los hemos pasado viendo pelis (recomiendo encarecidamente desde aquí Un cuento chino y no soy el único) oyendo música y bebiendo café en mi flamante cafetera nueva (porque he tenido unos pocos regalos de cumple: una cafetera italiana, un libro de acuarelas de Florencia, un disco de música de un francés bastante parecido a Gardel y un cuaderno personalizado superchachi y por correo desde España, 2 litros de aceite Señorío del Remolino, chorizo, salchichón, jamón y alcachofas en aceite)

¡Ah! y otro día hicimos migas para comer (sí, migas de pan, con su pimiento, su chorizo y su tocino)Migas

Un cumple distinto este de Erasmus. Distinto no quiere decir peor, sino todo lo contrario.

Hasta más ver (o leer).

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